Cuando la crítica viene de la casa morenista. Vaya, vaya, la petición no vino de la oposición, sino que vino desde dentro. La senadora de MORENA, Guadalupe Chavira de la Rosa, puso sobre la mesa lo que muchos evitan decir en voz alta: la permanencia del ahora ex gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya ya no es solo un tema legal, es un problema de confianza. Y esto cambia todo, claro que por supuesto que desde luego que sí. Porque cuando el señalamiento viene desde la casa, deja de ser ataque político y se convierte en señal de una fractura. No necesariamente ruptura, pero sí incomodidad real dentro del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). El argumento de Chavira de la Rosa es por demás incómodo, pero bien sólido: la presunción de inocencia se respeta, sí… pero el ejercicio del poder exige algo más que no estar condenado. Exige credibilidad, y la credibilidad no se decreta, se sostiene. Aquí aparece el dilema que MORENA no puede esquivar: sostener a Rocha Moya implica cerrar filas y apostar a que el tiempo diluya la presión. Pedir su separación abre la puerta a una investigación con mayor legitimidad, pero también a reconocer que el problema existe. Y esto pesa. Porque el discurso de la llamada “Cuarta Transformación” se construyó sobre una promesa clara: no mentir, no robar, no traicionar. Cuando una voz interna apela a estos principios, no está atacando, solo está recordando. El punto de fondo es brutalmente simple: no basta con ser legal, hay que parecerlo. Y en política, cuando la duda crece, la permanencia se vuelve un costo. Al final de cuentas, la pregunta ya no es si hay acusaciones o no. La pregunta es si el gobierno está dispuesto a someterse al mismo estándar que exige. Porque cuando la exigencia viene desde adentro, ignorarla ya no es estrategia, es una negación…
Rocha: de problema local a prueba nacional. El caso del ahora ex gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, ya no es un asunto solo de Sinaloa, porque llegó a convertirse en una prueba de credibilidad para el propio gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo. No por una sentencia, no por una acusación firme confirmada públicamente, sino por algo igual de poderoso en política: el señalamiento que escala y la presión que viene de fuera. Cuando el ruido cruza la frontera, el margen de maniobra empieza a reducirse. Porque aquí el dilema es incómodo y no tiene salida limpia. Sostenerlo sin una investigación clara proyecta cerrazón. Deslindarse de inmediato abre fisuras internas en MORENA. Y en medio de este dilema, la peor opción es la más tentadora: no hacer nada. Porque la inacción tiene un costo que no siempre se mide de inmediato, pero si en el largo plazo, esta es la credibilidad. Si el discurso del afamado cambio de MORENA prometía romper con las viejas prácticas del pasado, este es el momento en donde esta promesa se pone a prueba. No en el discurso, sino en la forma de enfrentar la duda. ¿Se investiga con seriedad o se cierran filas? ¿Se privilegia la institucionalidad o la lealtad política? Porque cuando la sospecha toca al poder, lo que está en juego no es una persona, es la narrativa completa. Y ahí está el riesgo mayor: no que el pasado regrese, sino que nunca se haya ido, pues solo cambió de nombre. La pregunta no es si hay presión internacional. La pregunta es qué hace el gobierno con ella. Porque ignorarla puede ser cómodo, pero sostenerla sin respuestas puede ser devastador…

