Sinaloa: calor extremo hoy… incertidumbre mañana. Apenas es abril de 2026 y en Sinaloa el termómetro ya ronda los 42 grados, con sensaciones térmicas cercanas a los 50. Vaya que esto no es normal y tampoco es casualidad. Es el rostro cada vez más evidente del cambio climático. La pregunta obligada es: ¿Qué nos espera en los próximos meses? Los pronósticos apuntan a un escenario complejo. Por un lado, temperaturas más altas de lo habitual que aceleran la evaporación y secan los suelos. Por otro lado, una temporada de lluvias y ciclones es cada vez más impredecible: o llueve menos de lo necesario o llueve en exceso y de forma violenta. Es decir: sequía prolongada o lluvias intensas en periodos cortos. Ambos extremos afectan. Menos agua implica presión para el campo -clave en Sinaloa-, mientras que lluvias intensas pueden provocar inundaciones, pérdidas materiales y afectaciones urbanas. El problema es que ya no hay “temporadas normales”, hay extremos. Y mientras el clima se vuelve más agresivo, la vida cotidiana también se encarece. Porque con este calor, el uso de aire acondicionado deja de ser un lujo y se vuelve una necesidad. Y ahí entra otro golpe directo al bolsillo: los recibos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Más calor, más consumo; más consumo, más pago. Y el subsidio no siempre alcanza para cubrir la realidad térmica del estado. Entonces la pregunta de fondo es otra: ¿Qué estrategia existe para enfrentar esto? Porque el cambio climático no se resuelve con discursos. Se enfrenta con políticas públicas claras: mejor gestión del agua, apoyo real al campo, infraestructura urbana resiliente y esquemas energéticos que consideren las condiciones extremas de los estados del norte del país. Hoy, la sensación es que vamos reaccionando, pero no anticipando. Y en temas climáticos, reaccionar tarde siempre sale más caro. Al final, el calor no solo se siente en la piel, se siente en el bolsillo y en la incertidumbre. Porque si abril ya está así, imagínese estimado lector, ¿Cómo vendrán los demás meses subsecuentes?…
El PAS: silencio que habla. El Partido Sinaloense aún no define públicamente su estrategia rumbo al 2027… pero en política, el silencio también comunica. Hasta el día de hoy, no existen señales claras de alianzas con otras fuerzas de oposición. Nada en concreto, nada oficial, y esto, lejos de ser alguna debilidad, podría ser algo más que cálculo. Porque en el Partido Sinaloense parecen tener claro algo: los tiempos electorales aún no arrancan, y adelantarse podría costar caro en términos legales y políticos. Mientras tanto, el único partido sinaloense, está moviendo sus piezas. Su dirigente estatal, Robespierre Lizárraga Otero, no ha dejado de recorrer el estado, de norte a sur, manteniendo presencia y operación territorial. En el Congreso, los diputados Jesús Angélica Díaz Quiñónez y Víctor Antonio Corrales Burgueño siguen activos, marcando agenda y manteniendo vigente al partido en la vida pública. Y mientras algunos ya reparten candidaturas, en el PAS parecen estar haciendo los números inteligentemente. Saben que cuentan con estructura, cuadros propios, y que, como en cada proceso electoral, siempre hay quienes terminan sumándose. Por esto, aunque hoy no haya definiciones visibles, todo apunta a que algo se está cocinándose. Y cuando en política algo se cocina a fuego lento, normalmente es porque no quieren que se queme. Por lo pronto, el mensaje es claro: el PAS no se adelanta, pero tampoco se queda atrás. Porque si algo han demostrado, es que saben jugar sus tiempos políticos. Y en este 2027, estos tiempos pueden marcar la diferencia. La cosa viene Puro PASdelante. Tiempo al tiempo porque 2027 está a la vuelta de la esquina…
El Congreso de Sinaloa: entre la política y el espectáculo. Lo ocurrido en el Congreso del Estado de Sinaloa deja una pregunta inevitable: ¿Esto es debate legislativo o entretenimiento improvisado? Los diputados de Morena, Serapio Vargas Ramírez y Pedro Alonso Villegas Lobo, protagonizaron una escena que, más que elevar el nivel del debate público, lo redujo a un acto que muchos califican como innecesario. Serapio Vargas se dejó encadenar en plena sesión para exigir una reforma constitucional. Pedro Lobo, acompañando la escena con una narrativa política alineada a sus aspiraciones futuras. Más que forma, se le mira fondo. Porque la discusión sobre incluir el término “Gobernadora” en la Constitución de Sinaloa es válida. Es un tema de lenguaje, representación y adecuación institucional. Pero la manera importa, y cuando la forma se convierte en espectáculo, el fondo se pierde. El problema no es la propuesta, es el mensaje que se envía. Porque mientras hay temas urgentes -seguridad, servicios, desarrollo- el Congreso aparece en la conversación pública por actos que parecen más pensados para llamar la atención que para construir soluciones. Y esto tiene un costo, un costo en la credibilidad, en la seriedad y en la confianza ciudadana. En política, no basta con tener causas, hay que defenderlas con altura. Porque cuando el Poder Legislativo se percibe como escenario de ocurrencias, la ciudadanía deja de verlo como un espacio de representación y empieza a verlo como un show. Y la pregunta queda flotando: ¿Quién gana con este tipo de actos? Porque muy seguramente no es la confianza en las instituciones…

