Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 17 Julio 2026
El regreso de Rocha: el blindaje del poder. Todo apunta a que Rubén Rocha Moya vuelva a sentarse en la silla de la gubernatura de Sinaloa. Si esto ocurre, la primera pregunta no será jurídica, sino que será política. Porque durante más de dos meses los sinaloenses han vivido entre rumores, filtraciones, versiones encontradas y declaraciones oficiales que, lejos de disipar las dudas, las han multiplicado. La realidad es que la ciudadanía sigue sin conocer a plenitud el expediente que dio origen a la crisis política más profunda que ha enfrentado un gobernador sinaloense en las últimas décadas. Mientras tanto, el silencio institucional ha sido ocupado por la especulación. Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha sostenido públicamente que no existen pruebas que acrediten los señalamientos formulados desde los Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya. En la misma línea, la Fiscalía General de la República (FGR) informó que, hasta este momento, no había encontrado elementos que confirmaran los delitos que las autoridades estadounidenses le atribuyen. Sin embargo, el respaldo político al gobernador ha sido constante y por demás que evidente, porque el mensaje del Gobierno Federal ha sido claro: Rocha Moya no ha sido abandonado por el poder político. Paradójicamente, este blindaje no ha venido acompañado de respuestas claras para la sociedad. Los ciudadanos siguen preguntándose qué ocurrió realmente, cuál es el alcance de los señalamientos conocidos públicamente y por qué el gobernador con licencia ha permanecido alejado de la vida pública durante meses. Después de setenta días y contando con su ausencia institucional, Rubén Rocha Moya reapareció mediante a través de las benditas redes sociales asegurando que se encontraba en su domicilio en Culiacán. Fue una reaparición suficiente para confirmar que seguía presente, pero insuficiente para responder las preguntas que siguen acumulándose. Legalmente, si la licencia otorgada por el Congreso de Sinaloa continúa vigente en los términos establecidos, el gobernador podría reincorporarse cuando así lo determine la propia legislación aplicable. Esta posibilidad existe, pero la legalidad no resuelve el problema político. Porque un eventual regreso de Rocha Moya no borraría de un plumazo las dudas que continúan abiertas ni terminaría con la exigencia social de mayor claridad sobre los hechos que han marcado estos últimos meses. Tampoco desaparecería el contexto que vive Sinaloa. Mientras la clase política calcula los costos y los beneficios, la ciudadanía sigue enfrentando una prolongada crisis de violencia derivada de la disputa entre los grupos del crimen organizado. Esta es una tragedia cotidiana que no admite discursos ni conferencias de prensa. Los sinaloenses no necesitan otra batalla de declaraciones entre los gobiernos, necesitan respuestas, certeza jurídica y resultados constantes y sonantes. Porque el verdadero blindaje no debería de ser para un gobernante, sino que debería de ser para todos los ciudadanos. Y mientras el poder protege al poder, la sociedad continúa esperando justicia y verdad, pero, sobre todo, paz…

