Columna Periodística -Sin Redundar-
Por Carlos Avendaño 20 Julio 2026
La Auditoría que ya nadie audita. Hay decisiones legislativas que parecen escritas por un guionista de humor negro. La aprobada la semana pasada por el Congreso del Estado de Sinaloa bien podría competir por ese premio. Resulta que los diputados decidieron reformar la ley para que la Auditoría Superior del Estado (ASE), el órgano encargado precisamente de fiscalizar el uso de los recursos públicos, quede fuera de los mecanismos ordinarios de fiscalización. Es decir, el vigilante ya no tendrá quien lo vigile. La paradoja raya en el absurdo. Una institución creada para revisar cuentas públicas ahora administra un presupuesto cercano a los 200 millones de pesos con un esquema que, según los críticos de la reforma, reduce los controles externos sobre su propia gestión. Es como decretar que los árbitros ya no pueden ser evaluados porque eso afectaría su independencia. Desde la tribuna, la mayoría morenista sostuvo que las modificaciones fortalecen la transparencia, la rendición de cuentas y la mejora continua. La explicación suena impecable... hasta que se contrasta con el contenido de la reforma. Porque cuesta trabajo entender cómo se fortalece la rendición de cuentas cuando se disminuyen los mecanismos para revisar a quien tiene precisamente la tarea de exigir cuentas. Lo más llamativo no es la reforma en sí, sino el mensaje político que transmite. La separación de poderes existe para que unos vigilan a otros, no para que todos se protejan mutuamente. Cuando el órgano fiscalizador queda blindado y el Congreso aprueba ese blindaje, inevitablemente surgen preguntas sobre la eficacia de los contrapesos institucionales. La sospecha de una relación excesivamente complaciente entre el Legislativo y otros órganos del poder público encuentra combustible en decisiones de esta naturaleza. La independencia institucional no se proclama en discursos; se demuestra aceptando la supervisión y el escrutinio. Paradójicamente, quienes durante años denunciaron las prácticas del viejo régimen hoy enfrentan acusaciones de reproducir mecanismos que antes condenaban. La historia política mexicana tiene una curiosa capacidad para cambiar de protagonistas sin modificar el libreto. La jugada, desde una perspectiva política, parece diseñada con precisión quirúrgica. Si quien fiscaliza queda prácticamente fuera del alcance de la fiscalización, y al mismo tiempo es responsable de revisar las cuentas del Congreso, del Ejecutivo, de los municipios y de los organismos públicos, el equilibrio institucional corre el riesgo de convertirse en un simple acto de fe. Porque la confianza en las instituciones no nace de la ausencia de controles, sino justamente de su existencia. En política hay una máxima que nunca pierde vigencia: quien no acepta ser vigilado difícilmente se convencerá de que vigila con imparcialidad. Y cuando el vigilante se vuelve intocable, la transparencia deja de ser una política pública para convertirse en un discurso de ocasión. Esta versión conserva el filo crítico, pero distingue entre hechos verificables (la reforma y los argumentos de sus promotores) y valoraciones u opiniones (las implicaciones políticas que se derivan de ella), lo que la hace más sólida desde el punto de vista periodístico y jurídico…
El PRI descubre el agua tibia y ahora señala a MORENA por Rocha Moya. La posibilidad de que Rubén Rocha Moya vuelva a ocupar formalmente la gubernatura de Sinaloa volvió a encender la confrontación política. Esta vez fue la senadora PRIísta Paloma Sánchez quien lanzó una batería de críticas contra MORENA, acusando al partido en el poder de proteger a funcionarios señalados por presuntos vínculos con el crimen organizado. La declaración tiene un ingrediente que no pasa desapercibido: proviene del PRI, el partido que durante décadas construyó un sistema político donde la opacidad, la impunidad y la concentración del poder, fueron objeto de severas críticas. Que hoy se presente como el gran fiscal de la moral pública tiene un inevitable toque de ironía política. Esto, sin embargo, no vuelve irrelevantes sus cuestionamientos, al contrario. Si MORENA decidió convertir la honestidad y el combate a la corrupción en la columna vertebral de su discurso, es lógico que la oposición le exija estándares más altos de los que durante años reclamó a los gobiernos priistas y panistas. El verdadero problema para MORENA no es lo que diga el PRI. El verdadero problema sería no responder con hechos a las dudas que existen alrededor del futuro político de Rubén Rocha Moya. Porque cada día que pasa sin una definición clara alimenta la especulación. Y en política, el vacío de información siempre termina siendo ocupado por los rumores. Sí Rocha regresa, MORENA tendrá que explicar por qué considera que esta decisión fortalece la gobernabilidad de Sinaloa. Si no regresa, también deberá explicar qué motivó su ausencia y cuál será el desenlace institucional. Lo cierto es que la oposición ya encontró un flanco que explotará hasta el último día: presentar cualquier respaldo a Rocha Moya como una prueba de complicidad política. Es una estrategia previsible y, desde el punto de vista electoral, rentable. Mientras tanto, los sinaloenses siguen esperando respuestas sobre los problemas que realmente afectan su vida cotidiana: la seguridad, la economía y la paz. La disputa entre MORENA y el PRI puede generar titulares y conferencias de prensa, pero difícilmente resolverá la incertidumbre que se vive en todo el estado de Sinaloa. Al final de cuentas, la política mexicana vuelve a demostrar su vieja costumbre: quienes ayer fueron acusados hoy acusan, quienes exigían explicaciones ahora son quienes deben de darlas. Cambian los colores de los partidos, pero el libreto parece escribirse con la misma tinta. Y el ciudadano, como siempre, observa el espectáculo desde la butaca, pagando el boleto más caro: el de sus impuestos y el de la incertidumbre…
Los fantasmas vuelven a aparecer. Hay historias que parecían enterradas y, de pronto, regresan por la puerta de atrás. Jorge Octavio Cortés Jiménez, identificado públicamente como el hombre que aparece en un video agrediendo violentamente a una recepcionista en la Ciudad de México, vuelve a colocar sobre la mesa un nombre que ya había generado controversia en Sinaloa. ¿Por qué? Porque su nombre figuró en los llamados “narco-volantes” lanzados desde avionetas en distintos municipios del estado, en donde se formularon diversas acusaciones contra personajes públicos, entre ellos el entonces gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya. El hecho de aparecer mencionado en estos panfletos no acredita la veracidad de su contenido, pero sí explica por qué el caso vuelve a despertar interés público. Además, Cortés Jiménez ha sido señalado públicamente por presuntos fraudes inmobiliarios en Mazatlán, asuntos que deberán resolverse conforme a los procedimientos legales correspondientes. Lo verdaderamente preocupante no son los panfletos, sino que una y otra vez aparecen personajes que terminan envueltos en escándalos, en investigaciones o en controversias, alimentando una percepción de opacidad que las autoridades no han logrado disipar. En política, la confianza no se recupera con ningún comunicado, se recupera con investigaciones transparentes, resultados verificables y rendición de cuentas. Porque mientras los nombres cambian, las preguntas siguen siendo las mismas, estas preguntas continúan esperando respuestas…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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