Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 13 Agosto 2026
No estaban en campaña, sólo regalaban café. La imaginación de la clase política mexicana no tiene límites. Cuando la ley prohíbe las campañas anticipadas, simplemente dejan de llamarlas campañas, y asunto resuelto. En estos últimos meses, varios personajes políticos de MORENA han solicitado licencia para buscar convertirse en los llamados “Coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, un nombre tan rebuscado como útil para evitar pronunciar la palabra que todos conocen: “candidatos”. Porque nadie está en campaña, sólo están coordinando, aunque la coincidencia resulta enternecedora. Durante meses comenzaron a multiplicarse los recorridos por las colonias, las reuniones con los simpatizantes, las fotografías con los ciudadanos, los saludos casa por casa y una generosidad que ni Santa Claus trae en diciembre. En todos estos eventos ha habido café gratis con pan, cobijas, juguetes, servicios médicos, volantes, carnes asadas, y, por supuesto, todo cuidadosamente adornado con el nombre, la fotografía y el rostro sonriente del benefactor. Qué casualidad, mire nada más, no era promoción personalizada, sino que era, seguramente, un extraordinario acto de filantropía. Porque resulta que decenas de personajes políticos descubrieron al mismo tiempo una inmensa vocación por regalar cosas, justo unos meses antes de registrarse para competir por una candidatura. Por eso es que la sincronía merece estudiarse. Lo más curioso es que durante todo este tiempo siguieron siendo senadores, diputados y presidentes, es decir, cobraban como funcionarios mientras construían su posicionamiento político rumbo a la siguiente elección. Y cuando finalmente llegó la convocatoria morenista, ¡sorpresa! solicitaron licencia. Como si toda la gira previa hubiera sido una simple coincidencia. La ley intenta impedir los actos anticipados de campaña, pero la política mexicana, en cambio, lleva décadas perfeccionando el arte de disfrazarlos. Ya no existen candidatos, ahora son coordinadores. Ya no existen campañas, ahora son recorridos informativos. Ya no existe propaganda, ahora son actividades de gestión. Ya no existen operadores políticos, ahora son promotores de la transformación. Vaya que el diccionario oficialista es una auténtica obra de creatividad. Mientras tanto, el ciudadano observa el espectáculo con una mezcla de resignación e ironía. Porque sabe perfectamente que cuando un político aparece regalando café, despensas, juguetes o cobijas, no está descubriendo de pronto una vocación humanitaria, sino que está sembrando reconocimiento de nombre, está construyendo estructura, está preparando una candidatura, y todos lo saben. Los partidos, las autoridades electorales, los propios aspirantes, y, sobre todo, los ciudadanos. La diferencia es que unos lo llaman campaña y otros prefieren llamarlo “coordinación”. Al final de cuentas, la pregunta no es si hubo promoción anticipada, sino que la verdadera pregunta es: ¿Si las autoridades electorales consideran que cambiarle el nombre a una campaña también cambia la realidad? Porque una carne asada con fines electorales, sigue siendo campaña, aunque la sazonen con el discurso de la transformación. Y mientras tanto el árbitro siga confundiendo el aroma del carbón con el perfume de la legalidad, la contienda continuará jugándose con reglas que parecen aplicarse sólo a quienes no visten los colores del poder -léase guinda-…

