Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 18 Agosto 2026
La visa de Andy y el drama de la soberanía con pasaporte. Hay tragedias políticas que merecen un minuto de silencio, y luego está la tragedia de quedarse sin visa estadounidense cuando uno se ha pasado media vida diciéndole al mundo que los Estados Unidos de Norteamérica es decadente, imperialista, racista y prácticamente la encarnación del mismísimo averno. Andrés Manuel López Beltrán, mejor conocido como “Andy” en el mundillo político, acaba de protagonizar uno de esos episodios que parecen escritos por un guionista con exceso de imaginación: Estados Unidos le revocó la visa y, en lugar de simplemente asumirlo, decidió convertir el asunto en una epopeya diplomática. Porque una cosa es que te quiten la visa y otra muy distinta es tomar la pluma, escribirle a Donald Trump y prácticamente sugerirle que despida a su secretario de Estado y a su subsecretario. Esto ya no es una carta: es una solicitud de recursos humanos internacional. “Andy” asegura que la decisión es “politiquera y propagandística” y que Marco Rubio y Christopher Landau, no tienen pruebas de algún acto ilegal o inmoral en su contra. También los calificó de “jefes de pandilla” y cuestionó sus políticas. Hasta ahí, legítimo. Cualquier ciudadano tiene derecho a cuestionar una decisión que considere injusta. Pero aquí aparece la parte deliciosa del asunto. Resulta que el hombre al que Estados Unidos acaba de cerrarle la puerta insiste en que no le interesa entrar. ¡Magnífico! Es como ser expulsado de un restaurante y responder: -de todos modos, la comida estaba horrible- pues sí campeón, pero nadie te está preguntando por el menú. “Andy” asegura que no le causa ningún problema no visitar Estados Unidos “en estos tiempos decadentes”. Y ahí es en donde la política mexicana alcanza este maravilloso territorio en donde la contradicción deja de ser un accidente y se convierte en espectáculo. Porque si los Estados Unidos es tan decadente, tan lamentable, tan lleno de problemas y tan poco digno de ser visitado, surgen las preguntas obligadas: ¿Por qué tanta preocupación por una visa? ¿Por qué escribirle directamente a Donald Trump? ¿Por qué exigir explicaciones? ¿Por qué pedir prácticamente la cabeza de Rubio y Landau? Uno pensaría que, ante semejante decadencia, “Andy” simplemente habría dicho: “gracias, pero no gracias”. Me quedo felizmente en México”, y asunto terminado. Pero no, aquí estamos, hablando de una visa como si se hubiera firmado el Tratado de Versalles. La escena tiene algo de tragicomedia: el hijo del ex presidente mexicano AMLO, quien fuera creador y dirigente de MORENA y una figura política, resulta que el heredero de uno de los apellidos más poderosos de la política nacional, se pone a reclamarle al presidente de los Estados Unidos porque sus funcionarios le retiraron el permiso para entrar. Y mientras tanto, el discurso de la soberanía nacional aparece vestido de gala, pero haciendo fila en la puerta de migración estadounidense. Porque hay algo particularmente curioso en ciertos políticos mexicanos: cuando los Estados Unidos critica a México, denuncian injerencia imperialista; cuando los Estados Unidos toma una decisión que les afecta personalmente, entonces exigen explicaciones, cartas, respuestas y hasta intervención presidencial. La soberanía, aparentemente, tiene diferentes versiones según quién esté en la fila. “Andy” también decidió elevar el tono y comparar la decisión con prácticas autoritarias e incluso utilizar referencias históricas extremadamente graves. Y ahí convendría bajarle dos rayitas. Porque cuando se utiliza a Hitler para describir cualquier decisión política que nos incomoda, la comparación termina perdiendo sentido y el argumento termina pareciendo más berrinche que razonamiento. La política necesita argumentos, el berrinche necesita micrófono, y esta historia ya tiene demasiado micrófono. Por supuesto, los Estados Unidos tampoco está obligado a explicar públicamente todos los detalles detrás de una decisión migratoria. Hasta ahora no se ha dado a conocer una causa específica de la revocación de la visa. Por eso tampoco corresponde convertir la cancelación de una visa en una sentencia judicial. Si existen pruebas, que se presenten, si no existen, que se explique. Pero mientras esto ocurre, lo que sí existe es un espectáculo político de primer nivel. “Andy” perdió una visa y encontró una tribuna. Donald Trump recibió una carta y probablemente encontró otro episodio para su colección de dramas diplomáticos. Rubio y Landau fueron convertidos, por obra y gracia de una pluma furiosa, en villanos internacionales. Y MORENA encontró otro motivo para hablar de soberanía. En fin, todos ganaron algo, bueno, casi todos. Porque el único que perdió la visa por ahora fue “Andy”. Aunque, según él mismo dice que no le importa, y si realmente no le importa, entonces qué tranquilidad, ya puede dormir en paz, pero eso sí, lejos de los Estados Unidos de Norteamérica y sin visa, pero con soberanía. Porque en la política mexicana hasta una visa cancelada puede convertirse en una batalla histórica por la dignidad nacional, aunque la batalla, curiosamente, comenzó porque alguien ya no puede cruzar la frontera. Así las cosas: hay quienes dicen que no necesitan la puerta justo después de descubrir que alguien decidió cerrarla. Y esto, queridos lectores no es soberanía, esto es orgullo con sello migratorio…

