Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 9 Septiembre 2026
Graciela: ya habló, ahora le toca demostrar. Graciela Domínguez Nava, recién nombrada gobernadora interina de Sinaloa, dijo que no les fallará a los sinaloenses y que aprovechará esta oportunidad para servir a la ciudadanía y devolverle la paz al estado. Inclusive, reconoció que recuperar la tranquilidad es, sin duda, el mayor reto de su administración. ¿De veras, señora gobernadora? ¿Lo dijo muy en serio? Porque los sinaloenses ya no necesitan otro discurso de toma de posesión, sino que necesitan resultados constantes y sonantes. “Prometer no empobrece”, dice el refrán, pero gobernar sí implica una enorme responsabilidad, particularmente cuando se recibe un estado golpeado por la violencia y con una ciudadanía cansada de vivir entre el miedo, la incertidumbre y la zozobra. Es muy cierto que: Graciela, apenas lleva unas semanas al frente del gobierno, pero precisamente por esto debe de tener muy claro que el reloj ya está corriendo. Porque tiene aproximadamente catorce meses para demostrar que sus palabras fueron algo más que un buen discurso. Y el tamaño del problema exige decisiones del mismo tamaño, no bastan los llamados a la unidad, no bastan las reuniones, no basta decir que se atenderán las causas de la violencia. Los sinaloenses quieren saber qué se va a hacer, quién lo va a hacer, cuándo comenzará y cómo se medirán los resultados. Porque mientras el gobierno analiza, la violencia no pide permiso. Por esto Domínguez Nava tendrá que limpiar la casa de arriba hacia abajo, revisar funcionarios, evaluar resultados, cortar inercias, cambiar a quienes no estén dando resultados, y, sobre todo, rodearse de un equipo que entienda que esta no es una administración para administrar problemas heredados, sino para resolver los que todavía pueden resolverse. La propia gobernadora ha dicho que ningún gobierno puede solucionar por sí solo los problemas de una entidad, y en gran parte tiene razón. Pero tampoco puede utilizarse la participación ciudadana como una manera de repartir culpas. La sociedad puede y debe participar. Los empresarios, productores, universidades, organizaciones civiles, iglesias, trabajadores, jóvenes, comunidades y todos los sectores productivos, tienen mucho que aportar. Pero eso sí, la conducción, la coordinación y la rendición de cuentas corresponden al gobierno. El ciudadano puede ayudar a construir la solución, pero no puede sustituir al Estado. Y si Graciela realmente quiere construir un nuevo pacto social, primero tendrá que recuperar algo que hoy vale oro: “la confianza”. Esto se consigue con presencia en las comunidades, atención a las víctimas, seguridad efectiva, transparencia, obra pública sin sospechas, reactivación económica y comunicación clara. No es con propaganda, no es minimizando los problemas, no es escondiendo los errores, y mucho menos, esperando que el tiempo haga lo que corresponde hacer al gobierno. Porque aquí es en donde está el verdadero reto para Graciela Domínguez Nava: tiene poco tiempo, pero demasiadas cosas por resolver, porque catorce meses pueden parecer mucho en el calendario. En política, cuando un estado está urgido de resultados, son apenas un suspiro. Por esto la gobernadora debe actuar rápidamente, establecer prioridades y medir resultados. La ciudadanía no le está pidiendo milagros, le está pidiendo algo mucho más sencillo: que cumpla lo que prometió. Dijo que devolvería la paz a Sinaloa, ahora le toca demostrarlo. Porque los discursos se los lleva el viento, pero los resultados se quedan. Y al final de cuentas, estos catorce meses, nadie recordará las palabras bonitas de la toma de posesión. Simple y llanamente, los sinaloenses recordarán si pudieron volver a vivir, trabajar, estudiar y transitar por sus comunidades con menos miedo. Ahí estará la verdadera evaluación para Graciela, no en el aplauso sino en los resultados. Porque: Graciela Domínguez Nava, no tiene que demostrar que sabe hablar, tiene que demostrar que sabe lo que es gobernar un estado convulsionado…

