Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 14 Septiembre 2026
¡Ya basta! Sinaloa salió a la calle para exigir paz. “¡Ya basta! ¡Exigimos paz!” Este fue el grito que este domingo recorrió las calles de Culiacán. Miles de sinaloenses vestidos de blanco salieron de La Lomita rumbo a la Catedral para decirle al gobierno algo que ya no necesita interpretación, encuesta ni estadística: la gente está cansada de vivir con miedo. La convocatoria reunió a familias completas, colectivos de búsqueda, familiares de víctimas, empresarios, comerciantes, agricultores, jóvenes, adultos mayores y ciudadanos que simplemente quieren recuperar algo que durante estos dos años se les ha ido escapando de las manos: la tranquilidad. La marcha ocurrió precisamente cuando Sinaloa cumple dos años de una crisis de violencia que ha cambiado la manera de vivir de miles de personas. Y el mensaje fue contundente: Culiacán está de pie, pero está harto. Antes de comenzar el recorrido, el obispo de Culiacán, José Jesús Herrera Quiñones, encabezó una celebración eucarística y llamó a recuperar la paz, la reconciliación y unas instituciones capaces de garantizar seguridad a las familias. Pero quizá uno de los mensajes más fuertes no salió de un político, este salió de una niña. Una estudiante de sexto año de primaria tomó el micrófono para pedir algo que debería ser lo más normal del mundo: “que los niños puedan crecer sin miedo, que puedan ir a la escuela, que puedan jugar en los parques, que puedan salir a convivir, regresar a su casa”. Parece sencillo, pero en el Sinaloa de hoy, hasta esto se ha convertido en una exigencia. Y mientras los adultos discuten estadísticas, estrategias y discursos, nuestros niños ya saben lo que significa tirarse al piso durante una balacera. Esto debería avergonzarnos como sociedad. Durante el recorrido aparecieron pancartas, fotografías de víctimas y mensajes de hartazgo. También hubo piñatas alusivas a gobernantes y funcionarios, el mensaje político fue evidente. Algunas pancartas hablaban de los llamados “narcos políticos”, de la violencia atribuida a grupos criminales y de la responsabilidad de quienes gobiernan. Y aquí está el punto central: la marcha no fue solamente contra los delincuentes, también fue una exigencia dirigida a las autoridades. Porque los ciudadanos no tienen la obligación de conformarse con explicaciones, quieren resultados. La movilización llega apenas unos días después del inicio del gobierno de Graciela Domínguez Nava y, por esto, representa también una enorme responsabilidad para la nueva administración. No se le puede exigir que resuelva en días una crisis construida durante años, porque esto sería injusto. Pero sí se le puede exigir que escuche, que decida, que actúe, que presente una estrategia, que revise a quienes tienen responsabilidades en materia de seguridad, y, sobre todo, que demuestre que entendió el mensaje dela calle. Porque la gente ya no quiere que le expliquen que Sinaloa está mejor, sino que quiere sentirse mejor, no quiere que le digan que determinados indicadores bajaron. La gente quiere poder salir de su casa sin preguntarse si regresará con vida, no quiere otro comunicado, quiere paz. Pero hay algo todavía más importante, esta marcha demuestra que la sociedad sinaloense todavía no se ha rendido. Después de dos años de violencia, pudo haberse quedado encerrada en sus casas, pero salió, caminó, gritó, reclamó, recordó a sus muertos, buscó a sus desaparecidos, y puso frente al gobierno una exigencia que no puede archivarse como una simple manifestación: ¡Ya basta! Ahora viene lo verdaderamente difícil. La marcha terminó, los contingentes regresaron a sus casas, las pancartas se guardaron, las calles volverán a la normalidad. Pero la violencia seguirá ahí si el gobierno no actúa. Por todo esto, Graciela Domínguez Nava tiene frente a sí una gran oportunidad histórica: escuchar a la calle y transformar este grito en decisiones. Porque Sinaloa ya marchó, ahora le toca al gobierno caminar en la misma dirección que su pueblo: hacia la paz…

