Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 18 Septiembre 2026
Sinaloa cambió de partido, pero no de problema. Sinaloa cambió tres veces de partido, pero el problema de fondo sigue ahí. En apenas tres sexenios, el estado pasó del PRI al PAN, regresó al PRI y finalmente llegó a MORENA. Cambió el color, cambió el discurso, cambiaron los gobernadores, cambió la propaganda, pero hay algo que, según diversos análisis sobre la presencia del crimen organizado en Sinaloa, no habría cambiado al mismo ritmo: la capacidad de los grupos criminales para mantener influencia sobre territorios, rutas y actividades ilícitas. Y ahí está el verdadero fracaso. Porque la democracia permite cambiar de partido en el gobierno, pero lo que no puede permitirse es que la realidad criminal termine sobreviviendo a todos los gobiernos. PRI, PAN, PRI otra vez, y enseguida MORENA, con estos cuatro colores y tres alternancias después, Sinaloa continúa enfrentando homicidios, desapariciones, desplazamiento, extorsiones, robo de vehículos y una economía golpeada por la inseguridad. Entonces surge la pregunta por demás incómoda: ¿De qué sirvió cambiar de partido si no se pudo cambiar la estructura que genera miedo? Y cuidado, esto no significa afirmar que todos los gobiernos hayan sido iguales ni que todos sus funcionarios tengan responsabilidad en la permanencia del crimen organizado. Tampoco significa que exista una relación automática entre un partido político y el narcotráfico. Significa algo mucho más sencillo: la alternancia electoral no garantiza por sí sola una transformación institucional. Puedes cambiar al gobernador, puedes cambiar secretarios, puedes cambiar logotipos, puedes cambiar colores, pero si no se fortalece a las policías, a las fiscalías, a la inteligencia financiera, a la investigación criminal, a la prevención y a las instituciones de justicia, el problema simplemente cambia de administración. Y esto es precisamente lo que los sinaloenses ya no quieren. No quieren otro gobierno que llegue diciendo que ahora sí. No quieren otro plan que termine en una carpeta. No quieren otro discurso de paz mientras las familias viven con miedo. Los sinaloenses quieren resultados y con justa razón, porque el crimen organizado no vota, no necesita campañas, no necesita mítines, no necesita convencer a nadie, tan solo se adapta, se mueve, se reorganiza, y espera. Mientras los gobiernos cambian cada seis años, las estructuras criminales pueden permanecer durante décadas, ahí está la verdadera batalla. Por esto Sinaloa necesita dejar de pensar únicamente en quién ganará la próxima elección. La pregunta debería de ser mucho más profunda: ¿Quién tiene un verdadero proyecto para recuperar las instituciones y quitarle al crimen la capacidad de decidir sobre la vida cotidiana de los sinaloenses? Porque cambiar de partido cada sexenio y conservar las mismas debilidades institucionales es como cambiar de chofer sin reparar los frenos, porque tarde o temprano, el vehículo se estrellará. Sinaloa ya probó varios colores, y ahora necesita algo diferente: un gobierno que no solamente cambie el discurso, sino que cambie las condiciones que han permitido que la violencia se vuelva parte de nuestra vida cotidiana. Porque al final de cuentas, el pueblo puede cambiar al gobierno. La pregunta es: ¿Cuándo podrá el gobierno cambiar la realidad del pueblo?...

