**Columna Periodística -Sin Redundar- Por Carlos Avendaño 28 Septiembre 2026 ** Camarón Sinaloense: otra mesa, otra promesa y el mismo problema. Otra vez se sentaron a la mesa, y otra vez hubo productores, funcionarios, diagnósticos, compromisos, programas y buenas intenciones. Y mientras tanto, el camarón sinaloense sigue sin encontrar quién le ponga orden al mercado. La gobernadora interina de Sinaloa, Graciela Domínguez Nava y la titular de la SADER, Columba López Gutiérrez, sostuvieron una reunión con los acuacultores de Sinaloa para analizar la problemática que enfrenta el sector, particularmente por la introducción ilegal de camarón del país de Ecuador y la presión sobre los precios. Los productores pusieron sobre la mesa una realidad que no admite demasiadas vueltas: la sobreoferta y la competencia de producto importado están presionando los precios, al grado de que aseguran que en algunos casos el precio de venta se encuentra por debajo de los costos de producción. Y ahí está el verdadero problema, porque de nada sirve producir más camarón si después el productor no puede venderlo a un precio que le permita recuperar su inversión. Los acuacultores también pidieron revisar los acuerdos comerciales internacionales, mejorar los controles sanitarios y aduaneros, reducir los puntos de entrada del producto importado, además de apoyos para electrificación y acceso a financiamiento. La respuesta oficial fue el conocido menú de programas: “Cosechando Soberanía”, créditos, análisis económico, coordinación interinstitucional y un programa con visión al 2030. Todo suena muy bien, pero el acuacultor no vive de discursos ni de mesas de trabajo, sino que vive de vender su camarón. Y si produce a determinado costo y el mercado le paga menos, las cuentas simplemente no salen. La titular de la SADER se comprometió a regresar el próximo mes para revisar avances y continuar con los acuerdos. Ojalá que esta vez no sea solamente otra fotografía más alrededor de una mesa. Porque el sector acuícola sinaloense ya conoce perfectamente el ritual: se convoca a los productores, se escucha el problema, se toman acuerdos, se anuncian programas y después, a solo esperar. Y mientras los funcionarios hablan de soberanía alimentaria, los productores hablan de supervivencia económica. La pregunta es muy sencilla: ¿Cuándo van a pasar de las reuniones a los resultados? Porque el camarón no espera al próximo discurso, la granja tampoco, los costos siguen corriendo, los créditos siguen cobrando y el productor necesita vender. Así que el próximo mes, cuando regresen los funcionarios, sería bueno que además de traer carpetas y presentaciones, traigan consigo algo mucho más importante: resultados concretos. Porque palabras más, palabras menos, el productor ya escuchó esta historia demasiadas veces. Y si ahora tampoco hay resultados, entonces sí habrá que decirlo sin rodeos: otra mesa, otra promesa y el mismo problema…
Sinaloa necesita algo más que policías, necesita recuperar su economía. Desde el tercer piso del Palacio de Gobierno de Sinaloa se libra otra batalla, pero esta vez no es contra los delincuentes. Es contra el desastre económico que ha dejado la violencia. Y la apuesta está puesta en la próxima visita del secretario de Hacienda y Crédito Público, Édgar Abraham Amador Zamora, a quien desde el gobierno estatal se busca plantear algo que Sinaloa necesita con urgencia: un verdadero plan federal para la recuperación económica del estado. Porque una cosa es combatir la inseguridad, y otra cosa igualmente importante, es reconstruir la economía que la violencia se ha llevado entre las patas. Hay empresas que cerraron, empleos que se perdieron, inversiones que se frenaron y consumidores que dejaron de salir. Tan solo un reporte publicado en agosto señaló que durante el primer trimestre de 2026 la economía sinaloense cayó 4.5 por ciento y que la entidad registró una de las mayores afectaciones nacionales en pobreza laboral. Y desde julio ya se reportaron 17 mil 871 empleos formales perdidos y 2 mil 347 empresas dadas de baja en los dos años previos, según las cifras citadas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Entonces, sí: Sinaloa necesita seguridad, pero también necesita crédito, estímulos, inversión, empleo y oxígeno fiscal. Porque no sirve de mucho recuperar una calle si el negocio que estaba ahí ya cerró. No sirve de mucho hablar de paz si el empresario tiene miedo de invertir. Tampoco sirve de mucho presumir una recuperación económica, mientras las pequeñas y medianas empresas siguen tratando de sobrevivir. Por esto la visita del secretario de Hacienda debería de servir para algo más que tomarse la fotografía oficial. Que venga dinero para seguridad, sí, pero que también venga una estrategia para levantar la economía. La propia gobernadora interina de Sinaloa, Graciela Domínguez Nava, ha señalado que las gestiones presupuestales con Hacienda son parte del proceso para definir los recursos del Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad de Sinaloa. Ahora habrá que ver si en esta misma mesa se pone sobre la mesa la economía de los sinaloenses. Porque después de dos años de violencia, Sinaloa no necesita solamente discursos de recuperación, sino que necesita recuperación. Y si Hacienda tiene la llave financiera, habrá que preguntarle al secretario Amador Zamora: ¿Cuánto dinero y qué instrumentos concretos traerá para que Sinaloa vuelva a ponerse de pie? Porque la seguridad puede apagar el incendio, pero para reconstruir lo que quedó después del incendio, también hace falta muchísimo dinero…

