El mensaje que no podrán matar. Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, Michoacán, fue atacado a balazos durante la celebración del Festival de las Velas. Minutos después, perdió la vida en el hospital en donde era atendido. Semanas atrás, Manzo Rodríguez, le había solicitado a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo mayor seguridad para su municipio y para él mismo, tras recibir amenazas. Incluso se atrevió a retar públicamente a la mandataria para pacificar Michoacán, un estado asfixiado por la violencia y el control territorial de los cárteles. Puso su renuncia sobre la mesa si el gobierno federal se comprometía a devolver la paz. Fue un alcalde frontal, sin miedo, que pedía a su cuerpo de seguridad enfrentar a los criminales. Pero la respuesta del gobierno fue el silencio. Claudia Sheinbaum Pardo prefirió mirar hacia otro lado y repetir su narrativa de que “en México la inseguridad no existe”. Hoy, ese silencio tiene consecuencias. El asesinato de Carlos Manzo no fue una sorpresa, fue una omisión anunciada. Una omisión con nombre, cargo y responsabilidad. Manzo Rodríguez fue, quizás, el único alcalde en México que se atrevió a defender con sus propias manos a su pueblo y a denunciar la ingobernabilidad que carcome a Michoacán. En vida, dejó un mensaje que hoy resuena más fuerte que nunca: “El tejido social está destruido: hoy vemos adolescentes convertidos en sicarios, cuando antes podíamos jugar libremente y había respeto en las familias”. Y sí, ya sabemos lo que dirá mañana la presidenta: Que “giró instrucciones”, que “habrá una carpeta de investigación” y que “todos los días trabajan por la seguridad del país”. Las mismas frases vacías con las que el gobierno administra la tragedia. El asesinato de Carlos Manzo no solo mata a un hombre: mata la esperanza de quienes aún creen en la justicia y el valor cívico. Su muerte será recordada como una advertencia dolorosa, pero también como un símbolo de la urgencia que tiene México de paz, de justicia y de liderazgo con valor. Que su ejemplo inspire. Que su mensaje perdure. Y que su memoria nos recuerde que callar ante la violencia también es una forma de complicidad. “A mí me podrán chingar, pero van a despertar al tigre enfurecido”. “Podrán matar al mensajero, pero nunca el mensaje”. Que descanse en paz, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, Michoacán…
El mensaje de Christopher Landau, vice secretario de Estado de Estados Unidos, a raíz del asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan: “En este Día de Muertos, mis pensamientos están con la familia y amigos de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán, México, quien fuera asesinado anoche durante una celebración pública del Día de Muertos. Estados Unidos está dispuesto a profundizar la cooperación en materia de seguridad con México para erradicar el crimen organizado a ambos lados de la frontera. Aquí vemos a Carlos con su pequeño hijo en brazos durante la celebración, momentos antes del ataque. Que su alma descanse en paz y que su memoria inspire acciones rápidas y efectivas”, dijo Christopher Landau…
No cabe duda que Michoacán es la tierra en donde nacen los héroes que pelean por un México mejor y que su voz les incomoda a quienes están en el poder. Corrupción, colusión, complicidad e impunidad, parece que van de la mano en este asunto. Para muestras pequeños botones en el tiempo. Antier fue asesinado Alejandro Torres Mora sobrino de Hipólito Mora. Ayer fue asesinado Bernardo Bravo líder de los limoneros. Hoy fue asesinado Carlos Manzo el alcalde de Uruapan…
Frase muy ad hoc del presidente del El Salvador, Nayib Bukele: “No hay gobierno que no pueda acabar con la delincuencia. Si no lo hace, es porque la delincuencia forma ya parte del gobierno”. Suyas las conclusiones estimado lector…

